¿Cómo fue el día 1 de la ‘nueva normalidad’? Se llenaron los tianguis, calles y mercados

Vuelve la movilidad en la CDMX, con más gente en el Metro y con la venta de cervezas, medicinas y hasta animales.

Salvo el uso de cubrebocas, el mercado de La Merced lució repleto y sin sana distancia
Salvo el uso de cubrebocas, el mercado de La Merced lució repleto y sin sana distanciaFuente: undefined

EL FINANCIERO

Las aglomeraciones, la venta de bebidas alcohólicas, antibióticos, animales, y protestas formaron parte del primer día de la nueva normalidad en la Ciudad de México, y una normalidad vieja conocida para los mercados de Tepito, Sonora, Lagunilla y Merced, donde el COVID-19 se redujo a un pretexto para vender cubrebocas y gel sanitizante.

La movilidad de la capital fue percibida en el tránsito vehicular sobre avenidas como Reforma o Fray Servando, pero también en las estaciones y vagones de metro y Metrobús que abrieron este lunes, cuyos asientos ahora son ocupados con rostros cubiertos con tela.

Pero fue ayer, en el corazón del comercio legal e ilegal, donde se vivieron prácticas que no sólo no se detuvieron en los últimos dos meses y una semana que duró el periodo de confinamiento, sino que se hicieron evidentes ante el cierre de comercios formales y la falta de clientela. Todo bajo el amparo de las autoridades.

En Tepito, una patrulla capitalina sobre Eje 1 Norte emuló un cerco sanitario para limitar el acceso a los automovilistas. Hecho sorteado por franeleros, quienes orientan a los vehículos a un estacionamiento en Héroes de Granaditas 141.

En Avenida Aztecas, en cada puesto se vende un cubrebocas, una careta o un sombrero, pero quienes los venden no los usan. Son contados los comerciantes que siguen la sugerencia de la jefa de Gobierno.

La clientela es baja, lo que permite apreciar con detalle los productos y ofertas de banqueta. Entre ellos; un Brandy Torres 10 o un Absolut Vodka a menos de 200 pesos, o una cerveza modelo a 25 pesos, para ir bebiendo o para llevar por mayoreo.

Quienes también destacaron en la vendimia fueron los boticarios del mercado, quienes lograron poner a disposición del tianguis Dorixina Forte, Ibuprofeno, o supuesta Hidroxicloroquina, sustancia que ha tomado relevancia a nivel mundial, gracias a Donald Trump.

A menos de 10 calles, en Avenida del Trabajo, una protesta ilustró que no existe igualdad de condiciones para los comerciantes. Cerca de 80 vendedores de la plaza del estudiante reclamaron que no los dejan trabajar, mientras que en Tepito sí; “Que nos digan cuánto le tenemos que pagar a la señora Sheinbaum”, acusó Irma Lazcano, una de las indignadas.

Comerciantes exigen que los dejen trabajar
Comerciantes exigen que los dejen trabajarAmilcar Salazar

En el mismo perímetro, en las calles que bordean al popular mercado de La Lagunilla, se divisa a un par de jovencitas buscando infructuosamente vestidos blancos delante de tiendas de artículos nupciales cerradas, encontrando sólo algunos a través de promotores callejeros que rondan las trastiendas.

Para llegar al mercado de Sonora se requiere tomar una ‘pecera’, 5 pesos por escasas 15 calles. Entre bultos de los compradores y trabajadores de la zona, la ruta se llena rápidamente, mientras poco a poco se va acortando la sana distancia. Un hombre vocifera la ruta y deja en manos de un conductor la unidad que es abordada por vendedores de chocolates, quienes prefieren vender que robar.

Al llegar al mercado, ubicado sobre Eje 1 Sur, se puede apreciar una fachada custodiada por policías capitalinos, que, aparentemente se encuentra cerrada. Pero basta rodear un poco el inmueble para poder adquirir un animal de campo con la regulación y los buenos oficios que aparentemente establecieron los oficiales de la patrulla MX-936-N1 de Merced-Balbuena.

La venta de productos para brujería, hierbas para cocina, o animales como gallinas, codornices, iguanas, tarántulas, pericos, cotorros, conejos, e incluso cabras, se realiza desde las cajuelas de una docena de automóviles y camionetas.

El recorrido concluye en La Merced, donde los puestos intentan mantenerse a flote malbaratando frutas, verduras y abarrotes.

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