Una ola significativa de protestas, incluida una huelga general histórica, recorrió Minnesota el 23 de enero en respuesta a las recientes acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) bajo la administración de Donald Trump. A pesar de temperaturas extremas que alcanzaron los -29 °C, la movilización mostró una alianza contundente entre sindicatos, pequeños y medianos negocios, y organizaciones comunitarias, enviando un mensaje claro contra lo que consideran políticas migratorias injustas.
En Minneapolis, las y los organizadores bautizaron la jornada como “¡ICE FUERA!”, exigiendo el fin de operativos agresivos que, según activistas, separan familias y criminalizan a comunidades migrantes trabajadoras. Decenas de miles de personas marcharon por la ciudad denunciando lo que describen como “secuestros coordinados”, una narrativa que resuena con fuerza entre comunidades latinas y mexicanas que conocen de cerca el impacto de las deportaciones.
La protesta se fortaleció con el cierre solidario de cientos de negocios en todo Minnesota, una señal del respaldo del sector laboral y comercial. “Cuando la injusticia se convierte en política, el pueblo se levanta, porque la única alternativa es la rendición”, expresó un dirigente sindical durante el mitin, subrayando el poder de la acción colectiva.
En redes sociales, el eco fue nacional: crecieron los llamados a una huelga general en todo el país, con mensajes que sostienen que la organización laboral es clave para frenar abusos del poder político y económico. Sin embargo, la cobertura mediática fue limitada. Cadenas como ABC y NBC dedicaron apenas segundos a los hechos, lo que generó críticas por minimizar la magnitud de la movilización y por discrepancias en las cifras de asistencia reportadas.
Activistas hicieron un llamado a mantener la presión y a sostener acciones coordinadas hasta que se atiendan las demandas. “No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras esto continúa”, señalaban publicaciones que apelan a la unidad y la solidaridad, valores centrales para comunidades migrantes mexicanas en Estados Unidos.
Lo ocurrido en Minnesota marca un precedente: una respuesta organizada frente a ICE que enlaza la defensa de los derechos de las personas migrantes con luchas más amplias por justicia laboral y social. “No se trata de un solo día; es construir impulso hasta lograr cambios reales”, afirmó una observadora del movimiento.
Este episodio recuerda el poder de la organización comunitaria y sindical para enfrentar excesos gubernamentales y proteger a las familias trabajadoras. A medida que crecen los llamados a una huelga general nacional, surge la pregunta: ¿estamos ante el inicio de un momento transformador para el activismo laboral y la defensa de los derechos migrantes en Estados Unidos?
Para cobertura adicional y testimonios desde Minneapolis, consulta fuentes como Mother Jones, que documentan este momento clave en la resistencia contra ICE.

