Esta semana se llevó a cabo en Bogotá, Colombia, una iniciativa anual para resaltar la necesidad de reducir la dependencia del automóvil, el “Día sin automóviles”.
El 6 de febrero de 2025, Bogotá implementó su “Día Sin Carro” anual, un día destinado a reducir la contaminación vehicular y promover modos alternativos de transporte. Sin embargo, al igual que en ediciones anteriores del evento, la eficacia de esta iniciativa ha sido objeto de escrutinio.
El evento de este año se vio empañado por la mala suerte, y algunos residentes informaron problemas importantes, incluidas condiciones climáticas adversas. El periodista local David Curtidor señaló en las redes sociales: “En Bogotá fue día sin carro y sin motos, pero resultó sin ciclistas, tan mala fue la planeación, que lo hicieron en día de lluvia”.
Sin embargo, no se podían anticipar cambios repentinos en el clima londinense de Bogotá y no podíamos culpar a los urbanistas locales por eso.
A pesar de las intenciones del día, el monitoreo de la calidad del aire en tiempo real indicó efectos mínimos en los niveles de contaminación. Hernández informó al mediodía que la calidad del aire se mantenía en niveles “moderados”, cuestionando significativamente la capacidad de la iniciativa para lograr sus objetivos ambientales. Dijo: “El día sin carro no tuvo mayor efecto en la calidad del aire”.
Los ciudadanos también expresaron su frustración por las molestias que suponen las restricciones. Un usuario reflexionó sobre sus experiencias con las citas médicas ese día y dijo: “Mañana es el día silencioso en Bogotá”, al tiempo que señaló la dificultad de afrontar los desafíos de transporte de la ciudad.
Las autoridades de Bogotá facilitaron las operaciones del transporte público durante el cierre, y TransMilenio (el sistema de autobuses de tránsito rápido de la ciudad) afirmó que operaban a plena capacidad. Sin embargo, siguen surgiendo reacciones encontradas sobre el impacto general del evento, y los críticos afirman que sirve más como una plataforma para la visibilidad política que como una solución viable para el transporte urbano sostenible. Un usuario resumió sucintamente su escepticismo cuestionando la utilidad del evento: “¿Para qué sirve?” (¿Para qué sirve?), lo que subraya la necesidad de una amplia comunicación sobre el tema de la contaminación y el consumo de combustibles fósiles.
Mientras la ciudad de Bogotá evalúa los resultados del evento de este año, el “Día Sin Carro” divide a la población en términos de opinión. Para algunos, como los autores de esta publicación, sí resuena. Sin embargo, a otros les resulta una molestia no poder llegar fácilmente a su destino y tener que depender de TransMilenio, un medio de transporte notoriamente inseguro en algunas paradas.

