En un dramático giro de los acontecimientos, la congresista colombiana Ángela Vergara, conocida por su firme apoyo a las políticas de inmigración del expresidente estadounidense Donald Trump, ahora enfrenta de primera mano la dura realidad de esas políticas. Vergara, una figura política de extrema derecha, elogió públicamente las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos contra inmigrantes indocumentados. Sin embargo, su posición aparentemente ha cambiado después de que su propio hijo, Rafael Alfonso Vergara, fuera detenido por ICE, supuestamente retenido en “condiciones inhumanas” durante más de dos semanas, a pesar de su permiso de trabajo y su solicitud de asilo pendiente.
La ironía de la difícil situación de Vergara no ha pasado desapercibida. Teniendo en cuenta sus anteriores aplausos por las tácticas agresivas de ICE contra los inmigrantes, la congresista ahora se encuentra en una situación sin salida entre su política y
La petición de Vergara de que el presidente Gustavo Petro intervenga para asegurar la liberación de su hijo pone de relieve su repentino paso de partidaria a víctima de las mismas políticas que defendía.
Vergara proviene de un mundo de privilegios, asistiendouniversidad de los andes, presumiendo de grandes conexiones y posición de clase dentro de la sociedad colombiana. A menudo, Estados Unidos es aclamado como refugio para aquellos sectores de la sociedad colombiana que quieren practicar o participar en un capitalismo más desquiciado. Ahora tiene más en común con los colombianos comunes y corrientes en Estados Unidos.

